Banyana Banyana resucita en Casablanca y busca avanzar en la WAFCON
Sudáfrica salió del césped de Casablanca con las piernas pesadas, el corazón acelerado y, sobre todo, con vida. El 2-2 ante Ivory Coast no fue una obra de arte, pero mantuvo abierta la puerta de los cuartos de final de la Women’s Africa Cup of Nations (WAFCON). El 4 de agosto, ante Burkina Faso, se jugará todo.
Durante una hora, Banyana Banyana caminó al borde del abismo.
Un primer tiempo que rozó el desastre
Ivory Coast olió debilidad y castigó con una frialdad quirúrgica. Dos contragolpes, dos golpes al mentón. Grace Sery abrió el marcador en el minuto 18 y repitió en el 36, ambas veces aprovechando una defensa sudafricana partida en dos, mal escalonada y lenta en el repliegue.
Sudáfrica apenas respondió. Solo un destello: Linda Motlhalo filtró un pase perfecto para Thembi Kgatlana, obligando a Aramatou Diakité a salir a los pies de la delantera para evitar el gol. Fue un chispazo aislado en un primer acto plano, sin profundidad ni conexiones.
Kgatlana, tan acostumbrada a ser la referencia ofensiva, pasó 45 minutos casi invisible. Aislada, sin socios, sin líneas de pase. Un reflejo de un problema que Sudáfrica arrastra desde hace tiempo: desde la retirada de Jermaine Seoposenwe el año pasado, nadie ha ocupado con solvencia ese rol de enlace que potenciaba a la atacante de Tigres UANL.
Kgatlana responde a sus críticos
En los últimos meses, la pregunta ha sobrevolado cada convocatoria: ¿han pasado ya los mejores días de Kgatlana con Banyana Banyana? En Casablanca, la respuesta llegó en la segunda parte.
Con más apoyo a su alrededor, la delantera volvió a parecerse a sí misma. Más participativa, más agresiva con y sin balón, más cerca del área rival. Cuando el equipo se estiró y encontró una referencia que fijara centrales, Kgatlana dejó de ser un islote.
La remontada empezó a tomar forma cuando entró en escena otra futbolista muy discutida.
Donnelly, de diana fácil a pieza clave
Ronnel Donnelly ha sido blanco de críticas duras, a veces desproporcionadas, especialmente si se compara con otras jugadoras que también han intentado ocupar el vacío dejado por Seoposenwe. Sus pocos minutos en Mamelodi Sundowns se han utilizado como argumento recurrente contra ella.
En Casablanca, la delantera de 22 años explicó con hechos por qué Desiree Ellis sigue confiando en su perfil.
No es Seoposenwe. No juega igual, no ofrece lo mismo. Pero tiene sus propias virtudes: choca, gana duelos aéreos, arrastra marcas, limpia zonas para sus compañeras. Y eso, ante una defensa física como la de Ivory Coast, pesó.
Nada más entrar, Donnelly se fabricó un espacio dentro del área. No logró sacar el disparo, pero la jugada no murió ahí. El balón se recicló, volvió a los pies de Kgatlana, que encaró, se perfiló hacia dentro y fusiló. Gol. Sudáfrica recortaba distancias con algo menos de 20 minutos más descuento por jugar.
La presión empezaba a cambiar de lado.
Un final a puro carácter
Ivory Coast, que llegaba lanzada tras su 4-1 inicial ante Burkina Faso, se vio obligada a retroceder metros. Con cuatro puntos en dos partidos y una diferencia de goles de +3, las marfileñas siguen bien colocadas, pero dejaron escapar un triunfo que parecía encarrilado.
Sudáfrica, con solo un punto y diferencia de -1, ya no tenía nada que guardar. O se lanzaba al frente, o se despedía medio torneo antes de tiempo.
Y allí emergió, de nuevo, Donnelly.
En el tiempo añadido, cuando el reloj ya pesaba, la delantera ganó un balón aéreo y lo peinó hacia atrás. Hildah Magaia, siempre letal cuando pisa área, atacó el espacio y reventó la portería. Empate. Grito liberador. Banyana Banyana, de vuelta desde la lona.
El 2-2 no borra los problemas defensivos ni el pobre primer tiempo, pero sí deja una certeza: este equipo, cuando se suelta, aún tiene colmillo.
La calculadora y un once más agresivo
El Grupo B se aprieta. Ivory Coast manda con cuatro puntos. Tanzania, que abrió con un 2-1 ante Sudáfrica y llega con tres puntos y +1 de diferencia, se mide a Burkina Faso en la noche del viernes. Burkina, por ahora, sigue a cero.
Banyana Banyana tiene claro su escenario: solo le vale ganar a Burkina Faso el 4 de agosto para aspirar a los cuartos de final. El criterio de desempate será el enfrentamiento directo entre equipos igualados a puntos, por delante de la diferencia de goles. Cada decisión táctica de Ellis pesará como una losa.
Si Sudáfrica quiere salir a morder desde el primer minuto y, si se da el caso, engordar su cuenta goleadora, el partido ante Ivory Coast dejó una pista evidente: la combinación de Donnelly, Kgatlana, Lebogang Ramalepe y Magaia como frente de ataque funciona. Genera espacios, obliga a las defensas a girarse, instala al equipo en campo rival.
Con el billete a los cuartos y, a largo plazo, con el horizonte del Mundial femenino de 2027 en Brasil —al que accederán las cuatro semifinalistas, mientras que las dos mejores perdedoras de cuartos irán a un playoff africano rumbo al Inter-Confederation Playoff—, Sudáfrica ya no puede permitirse medias tintas.
Tiene la espalda contra la pared. Le queda un partido para demostrar si lo del final en Casablanca fue solo un arrebato de orgullo… o el inicio de una reacción a la altura de la campeona de África que todavía dice ser.





