Irlanda empata 1-1 con Canadá en amistoso
La República de Irlanda arruinó la celebración en Montreal. En casa de una Canadá ya clasificada para el Mundial y coanfitriona de 2026, el 1-1 en el Saputo Stadium dejó una sensación clara: el equipo de Heimir Hallgrimsson todavía está en obras, pero no se rinde fácil. Y cuando el partido parecía escaparse, apareció Chiedozie Ogbene para aguar la noche local.
El gol del atacante llegó a la vieja usanza irlandesa: a base de insistir en la segunda jugada. Troy Parrott falló el penalti, Maxime Crepeau adivinó su intención, pero el rechace quedó muerto y Ogbene, el más despierto en el área, empujó el balón a la red para firmar su quinto tanto internacional. Un zarpazo contra el guion del encuentro.
Canadá manda, Irlanda se defiende
Hasta ese momento, el choque había sido casi un monólogo de la selección de Jesse Marsch. Se notó desde el inicio. A los dos minutos, Tajon Buchanan ya había obligado a Mark Travers a intervenir con un disparo potente que marcó el tono del primer tiempo. Por la derecha, Buchanan; por la izquierda, Liam Millar. Ambos castigaron una y otra vez a la zaga visitante.
Irlanda tuvo, eso sí, una primera chispa de ilusión. En el minuto 9, una buena combinación entre Ogbene y Parrott dejó a Dawson Devoy dentro del área. El capitán de Bohemians, debutante y primer jugador de la League of Ireland en ser internacional absoluto desde Jack Byrne en 2020, se plantó ante Crepeau, pero el ángulo era mínimo. Su disparo no encontró portería, aunque sembró algo de nervios en la defensa canadiense.
Fue un espejismo. Con el paso de los minutos, Canadá se adueñó del balón, empujó hacia atrás a Irlanda y encadenó saques de esquina. El gol parecía cuestión de tiempo y llegó, cruelmente, en una acción desafortunada.
Stephen Eustaquio puso un córner tenso desde la izquierda, el balón rozó la cabeza de Parrott en el primer palo y, en el segundo, golpeó a Jake O’Brien antes de colarse en la portería de Travers. Autogol del central y ventaja para los norteamericanos. Nada que reprocharle al defensor: estaba simplemente en el lugar equivocado en el momento más inoportuno.
Al descanso, la diferencia era mínima en el marcador, pero enorme en sensaciones. Irlanda, muy atrás, sin capacidad para hilar juego y sufriendo en cada transición.
Hallgrimsson mueve el banquillo y cambia el tono
Hallgrimsson no esperó. Al volver del vestuario, dos cambios: Jamie McGrath por Devoy y Liam Scales por Corrie Ndaba. Un mensaje claro: más experiencia para intentar sujetar el partido.
El arranque del segundo tiempo, sin embargo, mantuvo el mismo guion. Canadá siguió mandando, empujando, buscando el segundo tanto. Jonathan David y Cyle Larin merodeaban el área, mientras Eustaquio imponía su criterio en el centro del campo.
Y entonces, cuando nada hacía pensar en un giro de guion, llegó el error que lo cambió todo.
Un balón colgado al área irlandesa parecía inofensivo, pero Larin levantó demasiado la pierna y golpeó a McGrath en la cabeza dentro del área. El árbitro señaló penalti. Una invitación inesperada para una Irlanda que apenas había pisado el área rival en toda la reanudación.
Parrott tomó la responsabilidad. Carrera corta, disparo raso… y Crepeau adivinó la dirección. Paradón. El estadio estalló de alivio. Pero la jugada no había terminado. Ogbene, atento, entró con decisión, cazó el rechace y empujó el balón a puerta vacía. 1-1. Silencio en Montreal, oxígeno para Irlanda.
A partir de ahí, el partido cambió de textura. Irlanda, espoleada por el gol, ganó metros, se soltó con balón y empezó a aparecer con más frecuencia cerca del área canadiense, aunque sin dejar de sufrir atrás.
Juventud irlandesa y una ocasión dorada
El tramo final del partido fue casi un escaparate de futuro para la selección irlandesa. Hallgrimsson aprovechó la cita amistosa para repartir minutos y estrenar internacionalidades, especialmente para jugadores de la League of Ireland.
Primero entró Mason Melia en el 70’, sustituyendo a Jaden Umeh. El delantero de Tottenham Hotspur, ex St Patrick’s Athletic, apenas necesitó unos minutos para dejar su sello. Ogbene, protagonista constante por la derecha, puso un centro medido al segundo palo en el 83’. Melia apareció solo, en posición inmejorable para el 1-2. Controló y remató, pero Crepeau volvió a vestirse de héroe. Mano salvadora y una ocasión que pudo cambiar la noche… y quizá acelerar la carrera internacional del joven atacante de 18 años.
También se sumó al duelo Killian Phillips, relevando a Séamus Coleman, mientras Nathan Collins coqueteaba con el desastre: un resbalón suyo dejó a Larin con una oportunidad clara para devolver la ventaja a Canadá, pero la definición no estuvo a la altura.
En los minutos finales, el banquillo irlandés se convirtió en una puerta de entrada para una nueva generación. Joe Hodge, Kian Leavy y Adam Brennan se estrenaron con la absoluta, acompañando el debut previo de Devoy y reforzando una señal que Hallgrimsson ya había enviado con su lista: el talento doméstico vuelve a contar.
Leavy, mediapunta de St Pat’s, y Brennan, extremo adolescente de Shamrock Rovers, saltaron al césped con el partido ya abierto, con la misión de aportar piernas frescas y sostener un empate que, por la inercia del choque, sabía a algo más que un simple resultado amistoso.
Un empate que vale algo más que un marcador
El 1-1 no maquilla todos los problemas de Irlanda, especialmente su dificultad para imponer su juego ante selecciones con más ritmo y pegada. Pero sí deja pistas interesantes: la reacción tras el descanso, el carácter para aprovechar el penalti fallado y el impacto de los jóvenes que vienen desde la League of Ireland.
Para Canadá, la noche deja una sensación amarga. Dominó, generó, mandó y, aun así, acabó cediendo un empate en casa a las puertas de un ciclo decisivo rumbo al Mundial que organizará. El equipo de Marsch mostró intensidad y automatismos, pero también una falta de colmillo para cerrar un partido que tuvo en su mano.
Irlanda, por su parte, cierra esta ventana de amistosos de verano con un triunfo ante Qatar y este empate trabajado en Montreal. Lo hace con cuatro nuevos internacionales, un grupo algo más ancho y una idea clara: la próxima parada es la Nations League en otoño, y ahí ya no habrá margen para probaturas.
La cuestión ahora es sencilla y, a la vez, enorme: ¿podrá esta nueva hornada, alimentada desde casa, transformar las buenas intenciones en resultados cuando los puntos ya no sean de ensayo, sino de verdad?





