Sarina Wiegman exige respuesta tras la derrota de Inglaterra ante España
La noche en Mallorca dejó una herida profunda en las Lionesses. Un 4-0 incontestable ante España, la campeona del mundo, que no solo golpea el orgullo, sino que complica seriamente el camino hacia el Mundial. Sarina Wiegman, habitualmente imperturbable, no lo maquilló: quiere reacción. Y la quiere ya.
“Por supuesto que duele”, admitió la seleccionadora inglesa tras el encuentro. No era el partido que había imaginado. Ni de lejos. Esperaba un duelo cerrado, áspero, de máxima tensión. Encontró una España desatada y una Inglaterra irreconocible.
El escenario era claro: a Inglaterra le bastaba ganar o empatar para sellar el billete directo. Incluso una derrota por un solo gol mantenía vivo el sueño de liderar el grupo. Pero el desplome fue total. La selección que se había acostumbrado a competir de tú a tú con cualquiera se vio superada en todas las zonas del campo.
Un golpe temprano y sin respuesta
Wiegman defendió que su equipo no entró mal al partido. Durante los primeros minutos, Inglaterra intentó morder arriba, presionar, incomodar la salida española. El plan parecía reconocible. Hasta que llegó el primer mazazo.
El 1-0 nació de un disparo que cambió de trayectoria tras un desvío y dejó sin opciones a la portera inglesa. Un gol con fortuna para España, sí, pero el verdadero problema vino después. Inglaterra se descompuso.
“Fue mala suerte, pero después de eso ya no tuvimos más impulso”, explicó la entrenadora. A partir de ahí, el equipo se quedó sin marchas. No encontró velocidad, ni precisión, ni calma. No supo guardar la pelota ni progresar. España olió la debilidad y no la perdonó.
Las Lionesses comenzaron a perder balones sencillos, a llegar tarde a las disputas, a partirse en dos. El bloque se estiró sin control y las campeonas del mundo encontraron pasillos por dentro y por fuera. Cada pérdida inglesa se convirtió en una invitación al castigo.
“Nos costó muchísimo mantener el balón y encontrar pases más lejanos o a la espalda”, reconoció Wiegman. “Ellas jugaron muy bien y nosotras no jugamos tan bien. Sin balón, sufrimos mucho para mantenernos compactas, especialmente en nuestro propio campo. Nuestras conexiones no fueron buenas y encontraron los espacios que dejábamos de inmediato”.
El marcador se fue abriendo y el partido se les escapó de las manos. Sin reacción, sin plan B efectivo, sin esa capacidad de resistencia que había sido seña de identidad en los últimos años.
Un espejo incómodo antes del martes
Ahora llega la parte más incómoda: entender qué pasó. “El siguiente paso es averiguar qué causó esto”, apuntó Wiegman. No habló de crisis, pero sí dejó claro que el análisis interno será duro. Porque la rival era de máximo nivel, pero Inglaterra también lo es. O debería serlo.
“Nos tocó enfrentarnos a un rival muy bueno, pero creo que nosotras también somos un buen equipo. Si volvemos a nuestro plan de juego, ¿lo ejecutamos realmente bien? No lo creo”, sentenció.
La derrota abre un escenario delicado. Si España gana a Islandia y Inglaterra hace lo propio ante Ucrania el martes, ambas selecciones terminarán empatadas a puntos. En ese caso, el criterio del enfrentamiento directo daría la clasificación automática a España y empujaría a las Lionesses a la repesca.
La paradoja es evidente: Inglaterra podría ganar todos sus partidos del grupo salvo uno, precisamente contra las campeonas del mundo, y aun así verse obligada a jugarse el billete en un playoff. Wiegman no se quejó abiertamente del formato, pero sí subrayó el nivel del continente: “Da la sensación de que la competición europea es realmente competitiva, y eso es así desde que se creó la Nations League”.
Ucrania primero, luego el abismo o la reacción
El mensaje desde el banquillo es claro: nada de hacer cuentas hasta pasar por Kiev. “Centrarnos en Ucrania el martes es lo que importa antes de empezar a pensar en una probable repesca”, avisó la seleccionadora. Y lanzó un recordatorio: España también tiene que ir a Islandia, un rival incómodo que ya ha demostrado lo difícil que es superarlo.
La goleada en Mallorca deja cicatriz, pero también una oportunidad. Inglaterra, acostumbrada en los últimos años a vivir en la élite, se ve obligada a mirarse al espejo justo cuando no hay margen para el error. La reacción que pide Wiegman no es solo táctica ni física. Es de carácter.
El martes se sabrá si este 4-0 fue un simple tropiezo doloroso o el inicio de un camino mucho más empinado hacia el Mundial. Las Lionesses ya no tienen espacio para otra noche como la de Mallorca.






